viernes, 22 de julio de 2011

Crónica FIB 2011: Sabado 16

Tercera jornada del festival y para muchos la etapa reina de esta edición con las actuaciones de Arctic Monkeys, Mumford & Sons y Primal Scream. Además de los cabezas extranjeros, el excelente plantel nacional en el que destacaban Nadadora, Los Ginkas o McEnroe se vio perjudicado por unos horarios excesivamente prematuros que invitaban a evitar una insolación frente al escenario y mantenerse resguardado a la sombra.

Tame Impala. Los jovencísimos australianos firmaron un arranque potente y prometedor con la que probablemente es la punta de lanza de su debut 'Why won’t you make up your Mind' pero la energía con la que comenzaron fue menguando hasta la recta final con una excelente 'Hall Full Glass of Wine'. Su propuesta sobre el escenario hace recordar a unos Kula Shaker que reniegan de la espiritualidad hindú y veranean en la América de finales de los sesenta.

Spectrals. Sobre el papel era una de las bandas más esperadas por la corriente menos mainstream del festival. Su actuación nos dejó con ganas de más y su reivindicación del pop en el sentido más tradicional de la palabra merece un aplauso. Con unas melodías resultonas y estribillos pegadizos como los de 'Peppermint' o 'Leave Me Be' mostraron sus credenciales para tenerles más que fichados en un futuro no muy lejano. Grupo carne de Primavera Sound 2012.

Bombay Bicycle Club. Dejamos de lado a los Mumford & Sons para comprobar como se portan los londinenses Bombay Bicycle Club en directo. Poco de lo que esperábamos antes de llegar al concierto nos ofreció la banda liderada por Jack Steadman. Deficiente sonido, escasa potencia y una puesta en escena que difícilmente podía ser más sosa, hicieron que canciones llamadas a poner en marcha al público como 'Always like This' o 'The Hill' parecieran un simple trámite para salir del paso.

Arctic Monkeys. Los de Sheffield regresaban al FIB cuatro años después bajo un halo de expectación tanto por el público nacional como británico. Tras el amargo sabor de boca que dejó su última actuación en Madrid (Palacio de Vistalegre) los monos presentaron en sociedad su último trabajo Suck It and See y despejaron cualquier atisbo de duda sobre la calidad del mismo. Y es que pocos grupos se permiten dejar fuera de su repertorio temas tan redondos y populares como A Certain Romance, Mardy Bum o Cornerstone y aun así conseguir ofrecer una actuación sin altibajos. La trayectoria ascendente y plena de madurez que esta siguiendo la carrera de la banda es la prueba inequívoca de porque son uno de los pocos supervivientes de su generación. Algo más de una hora en el que las nuevas 'The Hellcat Spangled Shalalala', 'Don’t Sit Down Cause I’ve Moved Your Chair' o 'Brick by Brick' funcionaron a las mil maravillas y tres bises que culminaron en '505' bastaron para reivindicar el estado de gracia en el que viven Alex Turner y los suyos.

Primal Scream: rescatar veinte años después el disco que te catapultó al Olimpo de la música y que sus temas no suenen trasnochados y rancios es algo prácticamente imposible. Sin embargo, si te llamas Primal Scream y vienes a rescatar el Screamadelica puedes acabar dando uno de los mejores conciertos del festival. El eterno vinilo de la portada roja volvió a girar en el tocadiscos del Maravillas teletransportando al público a comienzos de los noventa con una espiral de ácido, psicodelia e hipnotismo. 'Come Together', 'Higher than the Sun' o 'Loaded' brillaron de nuevo con la misma fuerza que en 1991 de la mano de un Bobby Gillespie que irradia ese magnetismo natural oculto tras su frágil figura de yonki. Los escoceses se desviaron del Screamadelica en su recta final para rescatar los hits guitarreros y siempre efectivos 'Country Girl', 'Rocks' y 'Jailbird' en los que la edad comenzó a pesar en la voz de un fatigado Gillespie que sin prácticamente buscarlo, se marcó una exhibición sin precedentes.

Amable cerró nuestra jornada del sábado con una sesión de riesgo cero en la que no faltaron los trillados hits de cada noche mezclados con una técnica depurada a la que no se le puede poner un pero y que pusieron patas arriba el escenario heredero de la carpa pop. Por desgracia no arriesgo ni lo mas mínimo.

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