sábado, 1 de junio de 2013

Crónica Primavera Sound (II): Viernes

 Viernes 24 mayo, Parc del Forum

Ante un escenario Primavera con bastante gente presente pese a la pronta hora (17:00), el agradable calor de la tarde, un buen césped y una potente brisa marina que iría degenerando a lo largo de la noche, se presentaron Pony Bravo y su disparatado espectáculo. Una perfecta manera de amenizar la tarde y empezar a despertarnos para una larga jornada en la que empezarían a asomar pronto algunos de los grandes nombres que encabezaban el festival.
El “despiporre” inicial que aquí un incauto servidor esperaba que se sucediese sobre el escenario quedo relegado a las pantallas donde se visionaban al compas de los respectivos temas sus estrafalarios videoclips. Con un comienzo aceptable a través de canciones como ‘China da miedo’ y ‘Turista ven a Sevilla’, no tardaría mucho en sonar un ‘Eurovegas’ al que le queda mucho por pulir cuando se presenta sobre las tablas. ‘El político neoliberal’ haría brotar de nuevo el sentimiento de verbena popular entre los asistentes que pronto se abandonarían a los toque post-lolailos de ‘Zambra de Guántanamo’, ‘Rave de Dios’ y ‘Mi Dni’, tema este último que cerraba su directo al que se habían sumado, hacía dos canciones, ZA!.

Tras el potente directo de Pony Bravo era el turno de dirigirnos al escenario Ray Ban a ver al californiano Nick Waterhouse y su homenaje a lo vintage, al rock & roll y a las coristas. Con tan sólo 25 años y un álbum de debut, Waterhouse y su LP Time’s All Gone se han colado en casi todas las listas de mejores discos del 2012, ganándose además de buenas posiciones, el respeto y la admiración de cualquier fanático de la (buena) música. El horario no acompañaba, ya que tan sólo eran las seis y media de la tarde, tampoco acompañaba la salud, ya que muchos todavía luchábamos contra la resaca provocada por la jornada maratoniana festivalera del día anterior, pero Nick Waterhouse y su sonido supieron despertar al rockandrollero que llevamos dentro y más de un asistente se arrancó a marcarse unos bailes. Sonaron 'Some Place’, ‘Is That Clear', 'Time’s All Gone', 'Rania' y casi todas las canciones que forman su único larga duración. Hubo tiempo y ganas también para atreverse a versionar (con muy grato resultado) a Charles Sheffield y su 'It’s Your Voodoo Working' . Si no estuviste arrepiéntete pecador, te perdiste un conciertazo. 

Lo de Solange se veía venir. No hay como hacer un videoclip con muchos sapeurs, dejarse el pelo afro y repetir hasta la saciedad que no tienes nada que ver musicalmente con tu hermana (aunque hasta ayer te dedicases a copiar todo lo que ella hacía) para llenar hasta la bandera un concierto en un entorno, a priori hostil, como el Primavera. Que no cabía un alfiler en el escenario Pitchfork y que cada movimiento de la artista era silbado, aplaudido y vitoreado por miles de personas es un hecho. Lo que ya no resulta tan seguro es cómo de buena fue su actuación. Las opiniones van de “lo más destacado del festival” a “aburrimiento supino”. Opto más por lo segundo.  

Aún contando con todo a su favor, Solange no dio, ni mucho menos, un gran espectáculo. Se juntó con otro sosainas, como es Dev Hynes, y junto con el resto de su banda perpetraron un concierto que tenía más de Mariah Carey noventera que de nueva diva del neo soul. Primaron los medios tiempos con bien de grititos y solo cuando sonó la indispensable 'Losing you' la cosa se vino arriba, aunque el mérito fue de un público entregado.
Semejante sensación nos quedó tras el concierto de Local Natives, que tomaron el relevo de la texana en el escenario Pitchfork (vaya racha!). Nada destacable ni rescatable en su concierto. Como si de unos Fleet Foxes sin carisma o unos The National faltos de ganas se tratase, fueron desgranando temas de su reciente álbum Hummingbird (Frenchkiss Records, 2013). Quizás el tema más llamativo fuese 'Airplanes', momento en el que los gritos de los asistentes (de nuevo muy activos) cubrieron por completo las voces de la banda (que prácticamente no se escucharon durante todo el concierto). Al cabo de un rato se terminó y nos fuimos a otro sitio.

Tras escuchar las dos primeras canciones del directo de Jesus & Mary Chain nos hicieron temer los peores presagios. Sin embargo, pasado el bache del arranque, y con el sonido del escenario Heineken medianamente aceptable comezó la clase magistral. Los hermanos Reid tiraron de grandes éxitos para ganarse al respetable. Una fórmula ganadora que tuvo como piedra angular su santísima trinidad (Psychocandy, Darklands y Automatic) aunque el highlight de su actuación (dejando a un lado la colaboración de Bilinda Butcher) no formó parte de ninguno de esos tres discos. 'Reverence' sonó colosal y devastadora dando paso a un final vertiginoso que enlazó 'The Hardest Walk', 'Taste of Cindy' y el cierre con 'Never Understand'. Los escoceses pusieron sobre la mesa sus armas. Una verdad contada en apenas cuatro acordes.

Para disfrutar del sonido monótono de Jarmusch hay que tener la mente abierta: no es para todos los públicos, pero si se consigue adivinar la melodía detrás del ruido de las guitarras, uno acaba por disfrutar de esa música que retrotrae a las películas del director. Con un laúd y una guitarra comenzaron Josef Van Wissem y Jim Jarmusch a seducir al público, pero, tras apenas 10 minutos de concierto, el sonido de The Jesus & Mary Chain, que comenzaron en el vecino Heineken, interrumpió el espectáculo. Los aplausos de los escasos fans y cinéfilos curiosos los animaron a seguir, y cuando pasaron al ruido, el público acabó por hipnotizarse.

James Blake tiene el gran poder de provocar odios y devociones sin despeinarse el flequillo, y eso de por sí ya es una cualidad nada desdeñable. En mi caso le profeso una gran admiración, por lo que no leeréis referencias a su falta de sangre en las venas, sino más bien adjetivos como elegante, comedido o hipnótico. Él mismo confesaba al inicio de la actuación que nunca había visto tanta gente reunida para verle, lo cual debe imponer bastante. Pero este hecho no varió ni en una línea el guión que llevaba preparado.

Flanqueado por dos músicos y por un sinfín de máquinas, lanzó loops y fragmentos sonoros tan repetitivos como absorbentes, capaces de poner los pelos de punta. Con temas como 'CMYK' y 'Limit to your love' en la recámara y la ayuda más que evidente de sustancias de dudosa legalidad, el público disfrutó de lo lindo del viaje. Como guinda, interpretó 'Retrograde' y todos nos fuimos con una amplia sonrisa en la cara a afrontar las últimas horas del festival.

Eran LA actuación de la noche para muchos. Había gente pillando sitio desde las cuatro de la tarde y el concierto era casi a las dos de la mañana. Cada vez que a alguien le venía a la cabeza los primeros acordes de 'Song 2' se santiguaba, consciente de que aquello podría ser el acabose. Y efectivamente, así fue. Pero cuando todo estaba listo para que el cuarteto londinense saliera a escena, saltó la sorpresa. The Wedding Present nos regalaron un aperitivo de poco más de quince minutos desde un improvisado escenario de la zona VIP. Ahora sí, Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree (o lo que es lo mismo: Blur) salieron al escenario Heineken dispuestos a comerse no, a devorar al público. Empezaron fuerte, con una de las grandes canciones esperadas de la noche: 'Girls & Boys', que desató ya la furia animal tanto de guiris como de patrios. Saltos, pisotones, empujones, pogos... La siguieron la injustamente olvidada 'Popscene' y 'There’s No Other Way'. Sin pausas ni treguas hasta que llegó 'Beetlebum', canción totalmente karaoke, y con ella llegó una falsa calma previa a la tormenta final en la que aprovecharon para repasar sus canciones más lentas como 'Out Of Time', 'Trimm Trabb' y 'Caramel'. Y digo falsa calma porque en este momento Damon Albarn (quien no paró de lucir su diente de oro ni su pícara sonrisa durante todo el concierto) aprovechó para descender del escenario y cantar desde el público, mientras el resto de mortales morían de fans intentando tocarle para luego no volver a lavarse las manos nunca jamás mientras él, micrófono en mano, se dejaba adorar querer.

Con 'Coffee & TV' Graham Coxon reclamó su dosis de protagonismo correspondiente y tras ella siguieron 'Tender', 'Country House' y 'Parklife' - segundo momento catarsis del concierto- para terminar, justo antes de desaparecer momentáneamente del escenario, con 'End of a Century' y 'This Is a Low'. Al no haber tocado aún LA canción (léase ‘Song 2’) nadie se movió de su sitio ni un sólo centímetro, esperando todo lo pacientemente que se podía a que la formación volviese a salir a escena para los bises. Para la traca final se reservaron 'Under The Westway', 'For Tomorrow' y finalmente los himnos: 'The Universal' y 'Song 2', punto final a un directo redondo del que todos teníamos muchas ganas y al que pocas pegas se le puede poner salvo los hooligans (yo me llevé un latazo en la cabeza con una lata de cerveza proyectada desde no quiero saber dónde). Lástima las solapaciones vuelvo a decir, tuve que sacrificar a Swans, aunque sinceramente y pese a no salir ilesa del concierto, no me arrepiento. 

King Tuff se convirtieron en la agradable sorpresa de las últimas horas del viernes. El trío salió al escenario preguntándose que cojones hacían tocando a esa hora (4.20 a.m) pero poco tardaron en olvidarse del horario y arremeter con dosis de garage y rock and roll. Su aspecto les delataba. Kyle Thomas y los suyos parecían sacados de cualquier bar de sucio de la californiana Route 1 con unos bourbons esperando en la barra. Pelotazos directos como 'Keep on Movin' y 'Bad Thing' desataron el crowdsurfing de los más valientes. Este espíritu noventero (para algo graban en Sub Pop) sacó a relucir las raices grunge de Thomas en cortes como 'Bad Thing'. La duda totalmente quedó disipada, las guitarras también funcionan pasadas las 3 de la mañana. Toma nota Gabi Ruíz.

Para cerrar la noche en el escenario Primavera, The Knife trajeron la propuesta más arriesgada, posiblemente, de los cuatro días. Está claro que no fue un concierto al uso, pero presenciamos el espectáculo más sorprendente de todo el festival. En un momento en el que los samples están a la orden del día y que los dj sets copan los puestos altos de todo festival habido y por haber, parece una broma que la gente se indigne porque “estaba todo pregrabado”. Ni estaba todo pregrabado, ni este era el punto central de la actuación de los suecos. La cosa iba de dejar a la gente con la boca abierta. Pura tralla sueca. Para ello, subieron al escenario a un grupo de bailarines que interpretaron una sesión de aerobic, tal y como habían anunciado días antes. Vestidos con túnicas y monos brillantes (lo que los dotaba de un halo retrofuturista acorde con la estética del show) saltaron, bailaron e incluso cantaron algunos de los temas. Entre tanta luz estroboscópica reconocimos 'A tooth for an eye', 'Full o fire' y 'Silent Shout'. También nos pareció reconocer a Karin Dreijer Andersson, pero quizás solo se tratase de una doble. De haber sido así, estaríamos ante la mejor tomadura presenciada en mucho tiempo. 

Daphni, el proyecto paralelo de Daniel Victor Snaith (Caribou), cerró la segunda jornada del festival . Sin necesidad de vestirse como un gilipollas, llevar gorra aunque no haya sol, ni hacer esperpénticos movimientos en la cabina, Daniel puso a bailar a todo el escenario Ray Ban hasta las 6 de la mañana. A golpe de funky, latin, disco ochentero y sampleos de soul el productor danés se marcó una sesión altamente divertida demostrando que, a veces, existen cierres del Primavera memorables.

En esta crónica han participado: 
@carla_gerfeld / Nick Waterhouse y Blur
@sergecedillo / JAMC, King Tuff y Daphni
@Bernarda Parodi /  Josef Van Wissem y Jim Jarmusch
@alex lamas / Pony Bravo
@sarapbarrio /Solang, Local Natives, James Blake y The Knife

Fotografía: Eric Pamiés

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